• Dra. Fernández Valencia

El papel del psiquiatra en un juicio

Actualizado: 12 abr

Me han pedido que escriba algo para este blog. Como soy psiquiatra y también he hecho mis pinitos en el ámbito de la psiquiatría legal y forense, la sugerencia era: ¿por qué no escribes algo relacionado con la psiquiatría forense?


Tengo un dilema. Y es que yo comencé con mucha ilusión a formarme en ese ámbito ya hace unos 20 años. Siempre comienzo lo que emprendo con mucho entusiasmo. Diría que, con una curiosidad adolescente, del que descubre algo por primera vez y quiere saber y conocer más y más, y luego conseguir tener la pericia necesaria para hacerlo bien.

Pero conforme iba asistiendo a los juicios, me he ido decepcionando, y he ido abandonando esta labor.

Y este es mi dilema: ¿quién soy yo para escribir sobre algo de lo que ya no me considero experta, dado que lo he ido abandonando por decepción, y por estar más focalizada en el ámbito de la clínica?

Mi decepción viene de sentir que no se le daba todo el valor que aquel trabajo tenía (detrás de cada informe pericial, bien realizado, hay muchas horas de trabajo) Y tengo también la dolorosa sensación de que no se daba peso a las conclusiones, como si fueran simples opiniones, como si no se les diera la trascendencia de la prueba objetiva y objetivable…Como si se interpretase que nuestros informes fueran meras deducciones subjetivas…Yo defiendo que “el papel no lo aguanta todo” y las conclusiones deben estar debidamente fundamentadas.


Ser un buen clínico es casi pre-requisito para ser buen perito. No obstante, son dos escenarios diferentes: nada tiene que ver el trabajo del clínico con el del forense.

Para el clínico una de las herramientas fundamentales para el tratamiento es la relación terapéutica, cuyo ingrediente fundamental es la confianza mutua.

El perito, en su labor forense no trabaja la relación terapéutica y lo primero que ha de hacer es advertir al peritado que todo lo que se hable a lo largo de la entrevista puede quedar reflejado en el informe. No hay un deber de confidencialidad, que en la labor del clínico es sagrada (salvo que esta ponga en riesgo la vida del paciente o de otros; y la otra excepción es que un juez obligue a romper dicha confidencialidad en aras del auxilio a la justicia).

Por esta razón tan simple, un clínico NUNCA puede ser perito y elaborar un informe pericial de sus pacientes.

Además, dada la relación que se establece, la objetividad necesaria para la labor pericial siempre va a ser cuestionada o, al menos, estará bajo sospecha.

En estos casos, el profesional asistiría al juicio exclusivamente en calidad de testigo. El propio paciente le eximiría de guardar el deber de confidencialidad, si es que va de su parte al juicio.


Para los que somos eminentemente clínicos, penetrar en el mundo del derecho es como trasladarse a otro país, con un idioma y una cultura diferente. A veces nos sentimos como peces fuera del agua. Mi gran reto es traducir mi visión en tonos grises de las cosas de tal modo que se entienda en un mundo donde las cosas son o blancas o negras.

Es verdad que las jergas de ambos ámbitos distan mucho de encontrarse en algún punto. Hablamos idiomas diferentes. De ahí que nuestra principal tarea en la elaboración de los informes es la de utilizar un lenguaje comprensible para todo el mundo.

También tengo la impresión es que más allá del lenguaje hay otras discrepancias, tal vez de orden más filosófico, y es que nuestra concepción de la persona en el ámbito de la psiquiatría no es exactamente el mismo que en el ámbito del derecho. Lo dejo ahí…


La causalidad en psiquiatría es mucho más compleja, no porque nuestra ciencia sea compleja, sino porque el ser humano es complejo. Tratamos de hacer entendible lo complejo, en el proceso de explicar lo que está sucediendo en ese ser humano que le lleva a ejecutar tal o cual conducta.


A la hora de explicar el origen de los trastornos hablamos de multicausalidad, o de causalidad biopsicosocial; lo mismo ocurre a la hora de explicar la conducta delictiva, cuando peritamos en el ámbito de lo penal.


No basta tener un diagnóstico psiquiátrico para concluir si las capacidades volitivas y cognitivas estaban alteradas en el momento del acto delictivo. Dado que tener un Trastorno Bipolar o una Esquizofrenia no es razón suficiente para explicar la conducta. Puede tratarse de una persona con dichos diagnósticos y ser perfectamente imputable porque su clínica, en el momento de los hechos no alteraba en grado alguno sus capacidades volitivas y/o cognoscitivas.

No es la primera vez que advierto a algún paciente con diagnóstico psiquiátrico de que dicha clínica no le exime de ser imputado si comete un delito. Hay quien piensa que por el hecho de oír voces o decir que oye voces, ya tiene “carta blanca” y va a ser tratado de “loco” y no va a “sufrir” la misma pena que otra persona sin diagnóstico psiquiátrico alguno. Ni que decir tiene que cuando me planteo la necesidad de hacer estas puntualizaciones lo que estoy viendo delante es una persona que más allá de si oye o no voces, lo que huele es a rasgos psicopáticos (digamos que la maldad existe y, de momento, no es una enfermedad).

El cómo se transmiten las noticias ayuda a que la población general lo vea así y, lo que es peor, ayuda a que se puedan considerar peligrosos los pacientes con dichos trastornos. La peligrosidad no está en el diagnóstico, está en la persona.

Así pues, la labor del perito es minuciosa y profunda, va más allá del diagnóstico clínico psiquiátrico, incluye conocer el contexto, cómo eran las relaciones, qué sucedió antes-durante y después, cómo explica los hechos ahora y, sobre todo, cuando se tomaron las primeras diligencias…

Se investigan motivaciones, la coherencia del discurso, las contradicciones, su lógica…si la enfermedad viciaba de algún modo su manera de ver la realidad y, en consecuencia, no obraba con plenas capacidades.

A partir de todos estos datos de la entrevista y exploración psiquiátrica-forense, y apoyados en la literatura científica, llegamos a unas conclusiones siempre clínicas. Corresponde al juez hablar de imputabilidad o inimputabilidad.


Para cerrar, decir que el trabajo del psiquiatra forense es un trabajo minucioso, muy interesante y valioso, de cara al ejercicio de una justa justicia. Y destacar una frase escuchada repetidamente a mi profesor de Psiquiatría legal y Forense: “para ser un buen psiquiatra forense, primero hay que ser un buen clínico, tener experiencia en el ámbito clínico”

No descarto, a pesar de mis decepciones, seguir colaborando con la justicia siempre que mi trabajo clínico me lo permita.


Mercedes Fernández Valencia. Médico Psiquiatra y psicoterapeuta. Colegiada nº 2344

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